Cuánto cuesta una web para una pyme (y de qué depende el precio)
Cuánto cuesta una web para una pyme no es un número: es un alcance. Qué incluye cada tramo, qué encarece un proyecto y qué preguntar antes de firmar.
Cuánto cuesta una web es la primera pregunta de casi cualquier pyme. Y la respuesta honesta es incómoda: depende. Depende de cuántas páginas haya, de quién escriba los textos, de si hay tienda, de si las fotos existen y de cuántas cosas haya que conectar con otros sistemas.
El problema no es la horquilla de precios. El problema es comparar presupuestos que no incluyen lo mismo. Uno detalla diez páginas con textos y formación; otro pone “web corporativa” y deja el contenido a tu cargo. El segundo parecerá más barato y acabará costando más.
En este artículo tienes los tramos habituales, qué encarece un proyecto y las preguntas que separan un presupuesto serio de un número redondo.
Una web es un proyecto, no un producto de estantería. El precio depende de cuatro decisiones:
- Alcance. Cuántas páginas y qué hace cada una.
- Contenido. Quién escribe, quién revisa y quién hace las fotos.
- Tecnología. Una web estática no cuesta lo mismo que una tienda con pagos y stock.
- Acompañamiento. Formación, mantenimiento y soporte después de la entrega.
Cuando falten tres de esas cuatro en un presupuesto, el número no significa nada.
Sin cifras inventadas, sí se pueden describir tres tramos por complejidad.
De tres a ocho páginas: portada, servicios, sobre el negocio y contacto. El objetivo es explicar qué haces y recibir consultas. Es el tramo más habitual en autónomos y negocios locales.
Aquí el coste está sobre todo en el contenido y la estructura. La tecnología es lo de menos.
Incluye blog, páginas por servicio, formularios trabajados y analítica. El objetivo no es solo existir: es aparecer en búsquedas y medir qué pasa.
Este tramo encarece porque hay más contenido que escribir y más decisiones que tomar. También porque el mantenimiento pasa a ser mensual.
Catálogo, pagos, envíos, facturas y usuarios. Aquí manda la integración. Un producto configurable o una suscripción pueden duplicar el trabajo de una tienda sencilla.
Si el catálogo es grande, el coste real está en las fichas de producto, no en el diseño de la portada.
Estos son los factores que más mueven el presupuesto:
- Textos que hay que escribir desde cero. Si el negocio no tiene material, alguien tiene que investigar y redactar. Es trabajo, no un extra.
- Fotografía y vídeo. Las fotos de móvil se notan. Un reportaje profesional encarece, pero cambia la percepción.
- Integraciones. Reservas, CRM, correo, pasarela de pago o ERP. Cada conexión tiene su análisis y sus pruebas.
- Idiomas. Multiplicar páginas y revisar traducciones no es duplicar el trabajo, pero se acerca.
- Contenido que ya existe y hay que migrar. Cambiar de web sin perder URLs ni posiciones requiere un plan.
- Cambios de alcance. El “ya que estamos” es la primera causa de sobrecoste.
Ninguno de estos factores es malo. El problema es que no aparezcan en el presupuesto y se descubran a mitad del proyecto.
Un presupuesto comparable detalla:
- número de páginas y qué contiene cada una;
- quién escribe los textos y cuántas rondas de revisión hay;
- diseño a medida o plantilla adaptada, con qué licencia;
- formularios, analítica y cookies;
- velocidad y móvil: qué pruebas se hacen antes de entregar;
- formación o documentación para editar;
- dominio, hosting y correo: si van aparte, cuánto cuestan al año;
- mantenimiento: qué incluye y qué no;
- propiedad del código y de los datos.
Si el presupuesto no menciona el mantenimiento, pregúntalo. Una web necesita actualizaciones y copias. Y si no menciona la propiedad, pregunta también. No es lo mismo alquilar una plataforma que tener tu web.
Pide la misma lista de entregables a todos los proveedores. Si uno ofrece tres páginas y otro cinco, no están compitiendo por lo mismo.
Tres trucos que ahorran disgustos:
- Separa auditoría, diseño y contenido. Así ves qué pagas por cada parte.
- Pide el precio del mantenimiento anual. Un proyecto barato con una cuota alta acaba saliendo caro.
- Pregunta por el coste de una página adicional. Te dice cómo trabajan los cambios.
Y desconfía de la web “gratis” con cuota de por vida. Alguien paga el servidor, el soporte y las actualizaciones.
Si quieres una referencia real de alcance y precio, un diseño web para pymes suele incluir estructura, textos y puesta en marcha. Compara esa lista con la del resto antes de decidir.
Se ahorra en lo que no se ve: elegir bien el hosting, no cargar plugins innecesarios y mantener el contenido al día. Al contrario, se pierde dinero en retoques constantes por no haber definido la estructura.
También se ahorra separando fases. Publica una primera versión con lo imprescindible y añade el blog o la tienda cuando el negocio lo pida. Así el desembolso inicial baja y cada fase se paga con lo que la anterior demuestra.
Eso sí, deja la base bien hecha. Cambiar de hosting después es fácil; cambiar de estructura con cien páginas publicadas, no. Sobre lo primero, cómo elegir hosting evita pagar de más.
Y no escatimes en los textos. La diferencia entre una web que explica y otra que no se entiende no es el diseño: es el mensaje. Las reglas de copywriting web se aplican igual en una web de tres páginas que en una tienda.
No necesariamente. Una plantilla bien configurada puede ser correcta para un negocio que empieza. Es mala si promete algo que no incluye: contenidos, soporte o velocidad.
Depende del tipo de web. Una página de presentación necesita hosting, dominio, actualizaciones y copias. Una tienda añade más pruebas y más vigilancia. Pide el importe anual por escrito.
Sí, y suele ser lo sensato. Lo importante es que la base permita crecer: URLs ordenadas, contenido separado y una estructura que no haya que rehacer.
Normalmente se pagan aparte, aunque el proveedor los contrate por ti. Comprueba a nombre de quién están. El dominio debe ser tuyo, no del diseñador.
Una web de presentación puede estar en dos o tres semanas si el contenido está listo. Una tienda o una web con muchas páginas suele necesitar entre uno y tres meses. El cuello de botella casi siempre es el contenido.